martes, 28 de octubre de 2008

Las abuelas de España

La abuela. Una abuela. Teóricamente, nacemos con dos abuelas. Una por parte de madre, otra respectiva por parte de padre. Yo, he estudiado esta especie desde pequeño, y creo que he llegado a entender su modus operandi.

Una abuela te está esperando antes de que tu nazcas. Sabe quien eres, y te llama por tu nombre antes incluso de que se sepa. Una abuela espera. Siempre espera. Espera a que te metas en el colegio, y aunque tu no mires hacia atrás, ella sabe que tú querías mirar, pero no te acordaste. Una abuela nunca espera una palabra de "gracias", se podría eternizar esperándola. Lo que hace es mirarte, mientras gozas con una de sus comidas, o mientras ves la tele, mientras ella te pregunta que tal te va el cole, el bachiller, o la universidad. Cuando una abuela te escoge las mejores patatas fritas, te las guarda, se podría decir que las elije, no espera ni un abrazo, ni un beso, ni una mirada de agradecimiento. Para ella, el mero hecho de tenerte allí, ya es oro.

Dicen que una abuela es una mujer que ha esperado toda su vida para ser abuela. Dicen que no tiene prisa, y saben mejor que nadie, las verdaderas verdades de esta vida. Tu abuela sabe antes que tú que esa novia no te conviene, que debes estudiar, y que ese trabajo no es para ti. Sabe que estás feo con ese corte de pelo, pero ¿y lo poco que le importa?, ¿y la forma en la que te quiere? Podría atravesar paredes, mover montañas, y cambiar el surco de los ríos si uno de sus nietos se lo pidiera. Es capaz de anteponer a sus nietos ante sus hijos, y es capaz de llorar hacia dentro cuando uno de ellos dice que no la quiere.

Dios, la naturaleza, o quien sea, creó a las madres para proteger a los hijos, pero creó a las abuelas para mimarlos. Las dotó de manos temblorosas, pero firmes; con arrugas, pero suaves; cansadas, pero acogedoras. Las dotó de fuerza para luchar por ti y por todo el mundo que se pusiera en tu camino, y las dió la voz más dulce del planeta, una voz capaz de hacerte reflexionar, y de hacerte ver lo que otros no ven.

Una abuela, nunca te dirá haz esto o haz lo otro. Puede que te lo diga, sí, pero es que sabe que tienes que ser tú quien se de cuenta de ello. Y sabe que te caerás, y sabe que te llevantarás, y simplemente disfruta viendo como aprendes, porque sabe que su consejo no es algo que debes hacer. No. Los consejos de abuela son semillas que se quedan plantadas tan dentro de ti que apenas ni lo notas. Es sin duda debido a esa voz. Un día te levantas y recuerdas una voz dentro de ti que supo vaticinar que te equivocarías, y lo recuerdas con sonrisa, y si tienes la suerte de poder llamar a tu abuela en ese preciso instante, seguramente no la digas nada de qué ha pasado, y utilices cualquier excusa para hablar con ella. Pero ten por seguro, que ella sabe que ya has descubierto otro secreto que ella te dijo.

¿Habéis abrazado a vuestra abuela alguna vez? Es como darle un abrazo a un corazón. Si existe el amor, está ahí dentro, y como disfruta ella de dártelo.

Es evidente que yo he tenido la suerte de vivir con dos abuelas. De ellas he aprendido mucho, y aún me quedan muchas semillas dentro de mi. Por lo pronto, sigo teniendo la suerte de abrazar a una de ellas, y de llamarla siempre que puedo al llegar del trabajo, y de comer en su casa, y de quererla. Porque, las abuelas tienen un defecto, y es que no son para siempre.

lunes, 27 de octubre de 2008

Un nuevo modelo de economía mundial

Es evidente que los sistemas económicos modernos fracasan. Por alguna cosa o por otra, llega un momento en que se vienen abajo, pero puesto que no tenemos otra cosa, estamos ciertamente atados a ellos. Es evidente que falla. Sí. Pero, ¿dónde?

Llega un momento en el que un determinado usuario posee una cantidad de dinero. Mejor dicho. Vayámonos mucho más atrás que todo eso. Antes de tener el dinero. Llega un momento en el que un determinado usuario tiene una necesidad. Sí, mucho mejor. Esa necesidad, esa falta de algo, hace que busque las opciones que a su alrededor tiene para conseguirlo.

Primeramente, antes incluso que la necesidad, surge el deseo: la observación del entorno, y el anhelo de que no tenemos. Pensamos, ilusos de nosotros, que nuestra infelicidad se debe a que en verdad no tenemos ese objeto que nos falta. Y por lo tanto, queremos conseguirlo para ser feliz. O al menos tan feliz como mi prójimo parece ser con dicho objeto.

Evidentemente, incluso el sentimiento más primitivo sabe que no va a poder conseguir ese objeto por las buenas, que va a tener que hace algo extra para obtenerlo: surge el intercambio.

Reflexionemos. Es evidente que la primera necesidad humana (observación+anhelo de lo ajeno) es inherente al ser humano, e incluso a cualquier ser vivo, pero por desgracia se muestra de forma inapelable en nuestra especie. Con lo cual, dicha necesidad parece que no puede evitarse. ¿Pero qué sucede con el intercambio? ¿Hay otra forma?

Por supuesto, ¡y a cual peor! Desde las más "sociales", hasta las más "autoritarias" (¿o son lo mismo?). Sin embargo, en todo intercambio, alguien pierde. Siempre alguien pierde. Siempre. (ctr. Leyes de la Termodinámica). Es el intercambio el primer problema a resolver. Lo que en el fondo SIEMPRE se ha hecho mal.
Si se cambian gallinas por manzanas, uno de ellos perderá, pero dependerá de la gallina, las manzanas, la época, cosecha, etc... De muchísimos factores, pero siempre habrá alguien que salga perdiendo con el cambio. Sí amigos y amigas, cuando compras algo estás pagando más de lo que cuestas (estás perdiendo tú), y las crisis no son más que situaciones donde los que ganan terminan perdiendo (ctr. Todo lo que sube baja. Enunciado, entre otros, por Sir Sentido Común).

¿Qué sucedería si te diera las manzanas gratis? ¿O si tu me dieras una gallina gratis? ¿O si no tuviera que pagar por ir en transporte público? ¿O si no me pagaran por ir a trabajar? Difícil cuestión. Seguramente el sistema sería perfecto, y este mundo se convertiría en Nunca Jamás, con Peter Pan y compañía. Sería maravilloso, y puede que llegara a funcionar. En el fondo, seguiríamos perdiendo lo mismo. Pero oye, ¿y lo felices que seríamos con ese buen rollo globalizado? Habría gente que se aprovechara, gente que no iría a trabajar, gente que abusaría, en el fondo gente deshonrada. Lo que lleva a la siguiente pregunta: ¿El ser humano es honrado o deshonrado?

Como he dicho, esto podría ser maravilloso. Pero no es así. Porque hay algo mucho más por debajo del intercambio, y mucho anterior al deseo y la necesidad. Y es que somos humanos. Y el sistema económico mundial que tenemos, no es otro, que el que nos merecemos.

viernes, 24 de octubre de 2008